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¿Cómo debe de ser mi implicación personal en lo que yo escribo?

19/10/2009


Gabi_mario

La literatura es una de las artes más sencillas de poner en práctica. Sin embargo, numerosas personas se sienten frustradas a la hora de escribir. No sólo porque se topan una y otra vez con las mismas deficiencias técnicas, sino porque su ejercicio plantea una serie de enigmas difíciles de desentrañar.

El programa diseñado para conmemorar el 25 Aniversario de los Encuentros trata de hacerse cargo de esta coyuntura tan compleja. Parte de un principio realista: formar escritores es un proceso largo, en el que es el propio autor el que más tiene que poner de su parte. Pero hay algo que los demás sí pueden hacer para ayudarle: enseñarle cómo se emplean ciertas herramientas técnicas, darle a conocer los testimonios de otros autores, o valorar críticamente su trabajo.

Desde este planteamiento, se han organizado dos encuentros literarios para mostrarnos dos tipos de escritores: los absentistas y los exhibicionistas. El primero estaría integrado por los que se abstienen de utilizar su propia biografía en sus narraciones. Y el segundo, pertenece a los que hacen todo lo contrario: muestran su yo de una manera plena en sus escritos.

Yo soy otro. Encuentro con el escritor Mario Cuenca Sandoval. Lugar: Palacio del Condestable. Fecha: Martes 27 de octubre de 2009. Hora: 19,30h.

Yo asumo este riesgo. Encuentro con la escritora Gabriela Wiener. Lugar: Palacio del Condestable. Fecha: Martes 10 de noviembre de 2009. Hora: 19,30h.

Yo soy otro. Encuentro con el escritor Mario Cuenca Sandoval.

Afirma Mario Cuenca Sandoval en una entrevista: «La clásica pregunta “qué hay de autobiográfico en tu obra” es para mí realmente desconcertante. Supongamos que tengo una mascota, un perro; un perro que atropellaron cuando yo era niño. Me digo: “no pongas el maldito perro en la novela”. Vale; no hay perro. Aunque en un momento dado aparece un tigre que pasea por el tejado de un vagón de tren. No sé por qué extraño mecanismo, el tigre se convierte en un lémur, y el lémur en un arcángel, y el arcángel en una hoja de té, y la hoja de té en una pupila, y al final la pupila es la del maldito perro, la del perro que murió cuando yo era niño. Es como si no tuviera escapatoria. ¿Tiene sentido esto?»

También: “El espacio en el que habitan mis personajes no tiene unas medidas verosímiles. No se desenvuelven en París, sino en el París de la literatura y del cine. No se desenvuelven en las circunstancias del boxeo real, sino en el del boxeo como espacio narrativo. No viven en ciudades reales, sino en el relato de esas ciudades. La cultura de los medios de comunicación es, hoy por hoy, el filtro desde el que accedemos a la realidad. La experiencia de los medios forma parte del grueso de las vivencias de los individuos de nuestro tiempo. No me resisto a citar a Benjamin: «...la naturaleza que habla a la cámara no es la misma que la que habla al ojo».

Mario Cuenca Sandoval. Nació en Sabadell en 1975, aunque reside en Córdoba, donde ejerce como profesor de filosofía. Ha obtenido los premios Surcos de Poesía (2004), Vicente Núñez de Poesía (2005), Andalucía Joven de Narrativa (2007) y Premio Internacional Píndaro a la Creación Literaria Inspirada en el Fútbol (2008). Ha publicado los poemarios Todos los miedos, Renacimiento, Sevilla, 2005; El libro de los hundidos, Visor, Madrid, 2006 y Guerra del fin del sueño, La Garúa, Barcelona, 2008. Como narrador, es autor de las novelas Boxeo sobre hielo, Berenice, Córdoba, 2007; y El ladrón de morfina (en prensa). Ha colaborado en múltiples revistas, como Nayagua, Trece trenes, El robador de Europa, Quimera, etc. En la actualidad tiene en prensa una antología de relatos de temática Beatle para la editorial Páginas de Espuma.

Yo soy este riesgo. Encuentro con la escritora Gabriela Wiener.

Afirma Gabriela Wiener sobre su trabajo: “La impresión del, digamos, “trabajo de campo” que hago es la de exponerme a situaciones que, a muchos les podría parecer que, entre comillas, “me degradan”. Pero creo que al relatarlo voy más allá, es una segunda forma de entrega mucho más obscena y sexual y pública pero en suma mi relato no es una experiencia, es la metáfora de mi experiencia y la puesta en escena de ese mundo que he descubierto.

Creo que en el fondo siempre estoy escribiendo lo mismo: la lucha que se da en la realidad entre mi visión de las cosas y la visión de los personajes que intento retratar. Este conflicto es el que me gusta narrar, por eso lo que escribo suele estar salpicado de mis propias reflexiones, confesiones, prejuicios y anécdotas personales, porque creo que con todo ello también se acerca el lector a una historia y quizá mi papel también no sea más que el de una lectora más. Nunca he podido ser una narradora aséptica o neutral.

Así, si bien estoy segura de que para escribir crónicas tienen que pasar cosas y para que las cosas pasen uno tiene que ir a donde las cosas pasan y esperar el tiempo necesario para que ocurran, también es verdad que las cosas no siempre ocurren como a uno le gustaría. Por eso es tan importante para mí en el proceso de escritura no solo retratar la manera en que las cosas se dieron sino también preguntarme por qué no se dieron de otra manera y por qué no, imaginar cómo hubiera sido si fuera diferente”.

Gabriela Wiener (Lima, 1975) es una de las voces más destacadas de la nueva crónica latinoamericana. Escritora y periodista, es autora de los libros Sexografías (Melusina, 2008), una colección de historias entre el periodismo narrativo a lo Hunter Thompson y el ensayo íntimo; y Nueve Lunas (Mondadori, 2009), una exploración narrativa en torno a la maternidad y nuestra obsesiva necesidad de reproducirnos. Sus primeras crónicas aparecieron en la revista peruana Etiqueta Negra. Escribe para el diario El País, Marie Claire y la revista colombiana Soho. Del 2004 al 2006 se encargó de la sección de no ficción de la revista Lateral. Ha publicado la plaqueta de poesía "Cosas que deja la gente cuando se va".